Pensando en el futuro

Motivos para ahorrar

No puedes pensar en tu patrimonio futuro si previamente no has hecho un buen planteamiento de tu ahorro y el conjunto de tus inversiones.

Una primera forma de interiorizar la necesidad de ahorrar es analizar la capacidad de la Seguridad Social para cubrir las necesidades de los ciudadanos en materia de jubilación, desempleo, enfermedades graves y de larga duración.

Las cotizaciones que cada ciudadano realiza a la Seguridad Social a título propio y a través de la empresa donde trabaja son las siguientes:

Ejemplo:

Un trabajador cobra 40.000 euros brutos anuales. Para la empresa, el coste del sueldo es de 51.960 euros. La diferencia, es decir, los 11.960 euros, son los que aporta la empresa a la Seguridad Social. Por otro lado, el trabajador aporta el 6,35% de su salario, es decir, 2.540 euros. En total, un trabajador por cuenta ajena que percibe un salario anual bruto de 40.000 euros, aporta al sistema de la Seguridad Social 14.500 euros.

Imaginemos un escenario sin inflación ni incrementos de sueldos para hacer una simulación muy sencilla. En este caso, considerando que entra en el mundo laboral con 25 años y se jubila a los 65, después de cotizar 40 años a la Seguridad podría percibir teóricamente una pensión anual de 40.000 euros brutos durante 14,5 años, hasta los 80 años. Este plazo se ajusta significativamente a la esperanza media de vida para los españoles, la cual se sitúa en 82,2 años de media (según el informe de la INE actualizado en 2012).

Sin embargo, las aportaciones actuales de los trabajadores en activo sirven para financiar otros conceptos, entre ellos las pensiones de los jubilados actuales, las prestaciones por desempleo, las prestaciones por enfermedad y las bajas y accidentes, entre otros. Cabe añadir también la evolución de la pirámide poblacional española, la cual refleja un envejecimiento de la población, añadiendo más jubilados que deberán recibir las prestaciones de la seguridad social frente al decremento en la incorporación de población activa. Este hecho muestra, de forma sencilla, la poca sostenibilidad actual del sistema de la Seguridad Social, agravado por la tasa actual de paro en España (que ronda el 25%), y cuyas prestaciones consumen gran parte del presupuesto de este organismo. Por lo tanto, sería muy iluso pensar que cuando llegue el momento de jubilarnos podamos contar con estos ingresos, al menos en su totalidad.

La realidad del sistema es la siguiente:

  • Lo que percibiremos como pensión de la Seguridad Social es resultado de la media cotizada durante los últimos 25 años. Si nuestro salario ha ido aumentando progresivamente, la pensión que percibamos puede estar por debajo del último salario que hayamos estado cobrando.
  • Además, la Seguridad Social establece un máximo de cotización. Por lo tanto, hay una pensión máxima que podría situarse por debajo de nuestro salario.
  • Al ser un sistema contributivo, la inversión de la pirámide poblacional actual pone de manifiesto la necesidad de buscar una solución al respecto.

Este simple análisis sirve para concienciarnos de la necesidad de ahorrar por nuestra cuenta, creando nuestro propio plan de pensiones pensando en nuestro bienestar futuro. Si además podemos gestionar eficientemente la fiscalidad en todos estos años como trabajador en activo, podremos crear otra fuente de ingresos complementaria que nos brindará un plus añadido.

 

Cómo optimizar la inversión en un plan de pensiones

Las cuatro reglas básicas

Los planes de pensiones son un instrumento de ahorro a largo plazo. Se trata de un ahorro finalista, destinado a cubrir nuestras necesidades de ingresos tras la jubilación y/o situaciones asimiladas.

Para poder obtener el máximo rendimiento de este instrumento es muy conveniente tener presente las siguientes indicaciones:

 

1 - Empezar lo antes posible

Entre los 30 y 40 años es una buena edad para empezar a ahorrar con objetivos largoplacistas. Si se puede ahorrar sistemáticamente durante 30 años una pequeña parte de los ingresos, se podrá constituir un capital final lo suficientemente atractivo para complementar los ingresos una vez alcanzada la edad de jubilación.

 

2 - Ser sistemático y disciplinado en las aportaciones

Cuando se habla de inversiones, la disciplina en la toma de decisiones es uno de los aspectos que más marcan la diferencia. Sí además se trata de inversiones a largo plazo, su importancia es aún más relevante. Las aportaciones a un plan de pensiones deben ser disciplinadas y sistemáticas, y si es posible realizarlas de forma mensual. De esta forma se puede conseguir un doble objetivo:

  •  Nivelar y optimizar los ingresos a lo largo del ciclo vital, y
  •  Aprovechar la volatilidad de los mercados financieros.

Si se realiza un sola aportación anual en diciembre a un plan de pensiones de Renta Variable, se podría dar el caso que las participaciones suscritas tengan un precio mayor al que han estado durante otros momentos del año. Este hecho sucede por los efectos estacionales y estadísticos que muestran claramente que la bolsa tiene tendencia a subir a final de año. Por lo tanto, una sola aportación anual no permite promediar precios de entrada para optimizar la inversión. Si se realizan varias aportaciones a lo largo del año, se consigue este beneficioso efecto.

 

3. Optimizar adecuadamente la fiscalidad

La gran ventaja de los planes de pensiones con respecto a otros instrumentos de inversión colectiva es su fiscalidad. Pero como cualquier otra inversión, debe ser gestionada correctamente.

La idea que subyace consiste en saber aprovechar el diferencial de presión fiscal que una persona cuando está en activo puede tener con respecto a su situación una vez jubilado, con menores ingresos y, por lo tanto, menor imposición fiscal. Para optimizar esta ventaja fiscal cabe tener presente lo siguiente:

  • Realizar aportaciones máximas cuando la tributación fiscal es elevada (la bonificación puede llegar a ser de hasta el 56%, por ejemplo en el caso de Catalunya), y aprovechar las ventajas fiscales que se pueden derivar de su situación familiar (aportaciones a favor de cónyuge y de familiares con discapacidad).
  • Reinvertir las bonificaciones fiscales en productos de ahorro / inversión complementarios (de este modo, se constituirá un capital paralelo al plan de pensiones con un tratamiento fiscal diferente en el momento de cobrar las prestaciones).
  • Optimizar la fiscalidad de las prestaciones. El plan de pensiones no está pensado para cobrar un capital en el momento de la jubilación y poder dar rienda suelta a los caprichos (para eso, podrá disponer de los productos de ahorro / inversión complementarios). El plan de pensiones sirve para poder cobrar rentas que complementen la pensión pública, en el formato, cuantía y tiempo que se decida en función de la fiscalidad y las necesidades.

 

4. Gestionar la exposición al riesgo que pueda tener el plan de pensiones

Los fondos de pensiones, al igual que los fondos de inversión, pueden invertir en diferentes tipos de activos en función de su política de inversión. La exposición al riesgo de los diferentes tipos de activos la debe decidir uno mismo en función de su edad y perfil de riesgo.

Para ello, dispone de la posibilidad de los traspasos entre fondos de pensiones. Lo recomendable sería sobreponderar la inversión en fondos de pensiones de Renta Variable cuando se es joven y queden por delante muchos años para jubilarse, y a medida que se vaya acercando a la jubilación invertir el proceso a través del traspaso de los derechos consolidados.

Normalmente, las Entidades Gestoras suelen tener diferentes fondos de pensiones para cubrir dichas estrategias.

 

Gestionar el ahorro

Para invertir de forma eficiente nuestros ahorros debemos definir nuestros objetivos en cuanto a la cantidad que queremos tener para un evento futuro y el tiempo del que disponemos.

Con esta información debemos analizar los riesgos y características de cada tipo de inversión para finalmente decidir cómo lo haremos.

Observemos en el siguiente cuadro el resultado de efectuar aportaciones anuales sistemáticas a un Fondo de Pensiones. Consideraciones previas:

  • Se toman como referencia 3 perfiles distintos: una persona que empieza a los 40 años, otra a los 50 y otra a los 60.
  • Las aportaciones efectuadas son de dos importes distintos: 10.000 euros anuales y 5.000 euros anuales.
  • Se tienen en cuenta diferentes hipótesis de fiscalidad: un tipo marginal de IRPF del 40%, del 47% y del 51%.
  • Los importes de las devoluciones fiscales que se deducen de las tributaciones se reinvierten en un Fondo de inversión complementario.
  • Los dos productos se capitalizan en base a la hipótesis de rentabilidad real (descontada la inflación) del 3% anual hasta que cumplan los 67 años.

El resultado final es que a los 67 años se han constituido dos capitales: uno en un Fondo de Pensiones, que servirá para complementar la pensión pública, y otro en un Fondo de Inversión (con un fiscalidad diferente, rentas del ahorro).

 

Aportación Sistemática a un Plan de Pensiones. El Beneficio fiscal se reinvierte en un Fondo de Inversión. 

 

CONSIDERACIONES PREVIAS 
Aportaciones al Plan de Pensiones 10.000 Eur anuales
5.000 Eur anuales
Jubilación 67 años
Rentabilidad real (interés nominal - inflación) 3%

  

EDADDETALLEEJEMPLO 1EJEMPLO 2EJEMPLO 3
  Aportación anual

5.000

10.000 10.000
  Ingresos anuales 40.000 80.000 150.000
  Tipo marginal IRPF 40% 47% 51%
  Bonificación fiscal  2.000 4.700 5.100 
         
40 Fondo de Pensiones 209.655 419.309 419.309
  Fondo de Inversión Complementario 83.862 197.075 213.848
         
 50 Fondo de Pensiones  112.072  224.144  224.144 
  Fondo de Inversión Complementario 44.829 105.348 114.315
         
 60 Fondo de Pensiones  39.462 78.923 78.923 

 

Fondo de inversión Complementario  15.785 37.094 40.251 

El ahorro

El ahorro de las economías domésticas (familias)

La renta bruta de una familia se puede destinar al consumo presente, al consumo futuro y al ahorro (a través de la inversión de los activos financieros acumulados de forma periódica).

El ahorro bruto incluye tanto el destinado a activos financieros como el destinado a los inmuebles. Si a éste le restamos la parte necesaria para el pago de la hipoteca, obtendremos el ahorro neto.

La distribución de la renta entre consumo y ahorro depende de diversos factores como la renta permanente esperada, la riqueza neta (financiera y no financiera), la incertidumbre sobre el futuro, el incremento de los tipos de interés (hacen menos atractivo el consumo), las condiciones de concesión de créditos por parte de las entidades financieras e incluso incrementos en el déficit público por su relación con el aumento de los impuestos.

El ahorro de las economías domésticas presenta un comportamiento contrario al ciclo económico, es decir, se reduce en épocas de expansión y aumenta en períodos de recesión.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin fines de lucro se redujo 2,8 puntos durante 2012 para situarse en el 8,2% de la renta disponible, la cifra más baja desde que en el año 2000 comenzara a elaborarse la serie. Una contracción fruto de la menor renta bruta disponible (-2,7%), y del ligero aumento en el gasto en consumo final (0,2%).

La profunda devaluación salarial que sufre el país está afectando a la renta disponible de los hogares. En consecuencia, la capacidad de ahorro y el consumo final también se resienten. Una tendencia que se acentuó en la parte final del año, que puso de relieve la difícil situación económica de muchas familias españolas. Así, en los tres últimos meses de 2012 la tasa de ahorro fue del 12,7%, mayor que la del conjunto del año, pero que no se debe a un aumento de la renta disponible (se redujo un 4,2%, 7.835 millones menos, respecto al mismo trimestre del año anterior), sino al mayor esfuerzo de los hogares para exprimir sus cada vez más menguadas fuentes de ingresos.